Una de las cosas que más odio de estar soltera es que cuando dices que no tienes pareja la gente te mire con cara de pena. Que, vamos, lo puedo llegar a entender si es uno de esos dias de SPM (sindrome pre-menstrual) en los que sientes que nunca más vas a volver a ligar y le estás contando sus penas a tu mejor amiga… pero la mayoria de las veces, cuando digo que no tengo novio, lo digo muy orgullosa.
Y es que parece que cuando una pasa por el altar la gente respira aliviada. Sin ir más lejos, cuando le comenté a mi madre que Rita se casaba, automáticamente se alegró por la madre de mi amiga:
-¡Ay Lola!, que bien que Rita se case, si es que… la Reme se lo merece mucho…
¿Alguien me puede explicar la extraña conexión que se podrujo dentro de su cerebro? ¡Como si la misión de una madre terminara el día que una encuentra marido!
Me llama Rita:
-¿Lola?
-Hola guapa ¿que tal?
-Bien, preparando la organización de las mesas… por cierto, ¿con quien vas a venir?
-Pues había pensado en coger un taxi… pero si Vania va a conducir me puedo apuntar en su coche…
-No… me refiero, ¿a quién vas a llevar a la boda como acompañante?
-Rita cariño, no se si recuerdas que vuelvo a estar soltera.
(Suspiro al otro lado del teléfono)
-Lola, Fran tiene un compañero de trabajo muy mono, y está soltero… Oye, porque no quedamos el miércoles a cenar y te lo presento? Él tambien va a la boda y el pobre no tiene con quien ir.
-Rita guapa, espero que no estes usando esa misma expresión cuando te refieras a mi…
-No, mujer, si además es un tío genial. Bueno, pues nos vemos el miercoles a las nueve en el restaurante hindú.
Y me cuelga.
Y me quedo mirando el auricular con cara de idiota intentando reaccionar.
Y como no encuentro una buena excusa para no ir, pienso que quizá puedo ir a cenar SÓLO POR CURIOSIDAD.
Lo que empezó como curiosidad fue convirtiéndose en expectación. Tanta, que el lunes por la tarde fui a depilarme. El martes me encuentro en Zara buscando algo informal y sexy, con un toque chic para la cita. El miércoles por la mañana me descubro a mi misma contandoles a mis compañeros de trabajo que tengo una cita con un chico guapísimo que se muere por conocerme. Así seguí fantaseando todo el día hasta que aparecí a las nueve y diez por la puerta del restaurante hindú.
Y a las nueve y once minutos lo ví.
Rita me hacía señas desde el otro lado del restaurante, donde estaban sentados ella, Fran y… él.
-Lola, te presento a Mario.
¿Cómo describir a Mario? Lo que más me impactó no fue esa horrorosa camisa fucsia que llevaba, ni el pelo engominado hacia atrás. Lo peor fueron los dos litros de colonia Varon Dandy que se había puesto, y cuyo “aroma” se introdujo en mis fosas nasales mucho antes de que el tal Mario tuviera tiempo de darme dos besos. Y no los dos besos de rigor, sino esos dos besos blandos que me plantó, que me dejó con esa sensación de “quiero limpiarme la saliva que has dejado en mi cara, pero soy mucho mas educada que tu”. Después de sentarnos Rita intentó hacernos entablar conversación:
-Uy Lola, Mario y tú teneis tanto en común… Los dos sois solteros, y… os gusta el cine…
Asentí despacio mientras intentaba limpiarme la cara disimuladamente. Aunque Mario ni se enteró porque estaba mirándome el escote descaradamente.
-Mhmm ¿Y que película has visto ultimamente Mario?
-Esa americana… la de la edad media, ¿la has visto? - respondió sin dejar de mirarme el escote.
-Si, aunque me gustó más el libro… ¿te has leido el libro?
Mario levantó la cabeza sobresaltado y me miró como si estuviera loca.
-No, no leo nunca. No me gusta leer. No he leido un libro en mi vida. - Y sonrió muy orgulloso.
Miré a Rita y ella captó mi mirada, y me puso cara de “lo siento”. Y al ver esa cara supe que tenía la excusa perefecta para irme de allí. Durante esos cinco minutos ese tío ya había hecho lo suficiente como para saber que no quería tener nada que ver con él.
-Perdonad chicos… me acabo de dar cuenta de que no he sacado al perro, me tengo que ir. - Dije muy deprisa mientras me levantaba.
-¡Pero si tu no tienes perro Lola! -saltó Fran al tiempo que Rita le daba una patada por debajo de la mesa.
-Ermm, si, tengo uno desde hoy. Adios, ¡nos vemos chicos!
Cuando llegué a casa me puse el pijama y me comí una tarrina entera de helado de chocolate… Quizá engorda, pero… “la Lola se lo merece mucho…”
jueves, 17 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario