martes, 26 de agosto de 2008

EN EL CAJÓN DE LA ROPA INTERIOR

Eran las 7 de la mañana cuando el taxi me dejó en la puerta de casa. Y eran las 7:25 cuando por fin conseguí abrir la puerta, sujetando mi bolso de mano, el movil, un paquete de cigarrillos (mañana lo dejo, lo prometo) y una de mis sandalias (la que se le había roto el tacón) en la otra.
La noche fue espectacular: estaba monísima con mi minivestido nuevo, estuve tonteando con un antiguo novio del instituto, me reí, bebí y bailé hasta las tantas (momento en el cual se me partió el tacón de mis sandalias, también de estreno). Me acosté con la sonrisa en la cara recordando una noche perfecta....
...hasta que me desperté el día siguiente.
No se si os pasa, pero a mi, generalmente, los domingos cuando me despierto y empiezo a recordar las cosas que dije o hice la noche anterior, me invade ese sentimiento de vergüenza que yo denomino: "quiero esconder la cabeza en el cajón de la ropa interior". (Supongo que lo llamo así porque es el primero de la cómoda y me pilla mejor meter la cabeza ahí, o quizas porque está mullidito con la cantidad de lenceria que tengo, no lo se).
Me acuerdo de casi todo, como que el tonteo con mi "ex" estuvo bien, me sentí muy sexy. Él se mostró interesado en mi y me sentí muy cómoda. Tan cómoda como para empezarle a contar lo mucho que lloré cuando me dejó. Momento en el cual le empezé a contar lo sola que me siento muchas veces por la noche después de mi última ruptura. Y si, creo que fue tras esa conversación cuando me puse a tirarle los trastos otra vez... y ahí es cuando él huyó sutilmente.
Y yo, para soportar ese platón me puse a bailar con Maika y haciendo un movimiento sensual me tiré la copa encima. También recuerdo estar atosigando al DJ del local (que guapo que es) para que pinchara el "chiki-chiki", canción que bailé mientras nos hacian un corrillo a Vania y a mi, y ahora que lo pienso, ya estoy dudando que fuera por lo bien que bailábamos como creí en su momento.
Suena el teléfono. Es Maika:
-Lolaaaaaaaaaaa! Vaya ciego ayer ¿no?
-Mhmm...
-Aún me acuerdo de cuando te subiste a la barra y de la leche que te diste al caerte
(Genial, ahora acabo de recordar cómo me rompí el tacón)
Buscando un poco de consuelo me conecto al Messenger:
-Hola niña. ¿como está mi resacosa esta mañana?
-Mhmm.... ¿cómo sabes que tengo resaca?
-Tienes 29 años, eres soltera, guapa y ayer salias con las chicas... estoy seguro de que los chicos no pararon de invitarte...
Adoro a mi "amigo online", es un amor.
-y... ¿Lola?
-¿Si?
-Tambien estoy seguro que recuerdas cuando me llamaste a las tantas de la madrugada. No estoy muy seguro de lo que me decias porque no vocalizabas, pero me sonó a "te quiero"
Mierda
-No cielo, creo que era... cuando no podía abrir la puerta, te decía que "no puedo"
-Ah!
Los cajones de la ropa interior tendrían que ser más grandes. Para poder meterte dentro y desaparecer... a veces.

martes, 12 de agosto de 2008

BLANCO NUCLEAR

Soy española. 100% española. Vivo al lado de la playa. Tengo piscina en la urbanización. Y mi piel es de color blanco nuclear.

Pero blanco, blanco. Cuando llevo falda mis amigas me dicen que si me he puesto medias blancas... imagínate!

Y en invierno da bastante igual, porque voy con vaqueros, jersey de cuello alto, medias tupidas... Pero cuando llega el verano es lo peor. Si llevo medias me aso de calor, pero como no las lleve parece que me he rebozado en talco antes de salir de casa.

Y todos los años me pasa lo mismo: al llegar mayo pienso que esta vez iré a darme unos rayos antes de ir a la playa. O que puedo bajar a la piscina un ratito cada día para ir cogiendo color. Pero el tiempo pasa, y un día está nublado, otro no te apetece o no te has depilado. Llega julio y hace mucho calor, asi que me quedo en casa con el aire puesto. Y en agosto me muero de vergüenza si tengo que ir a la playa, porque hasta los guiris están más morenos que yo, o llamémosle rojo "gamba", que algo es algo.

Voy a la playa y reluzco. La gente se pone las gafas de sol para mirarme. Las familias me toman como punto de referencia para saber dónde han dejado la toalla. Por lo que dejo de ir.

Así transcurre el verano, hasta que llega Octubre. Otra vez a usar los jerseys de cuello alto, y a poder esconder mis piernas dentro de unas medias tupidas. Que felicidad!

Y con la sonrisa en la cara vuelvo a sacar mi ropa de invierno, prometiéndome que el año que viene, al llegar mayo, tomaré unos rayitos, bajare un rato a la piscina cada día...